La ganadería extensiva no solo produce alimentos: también alimenta a los grandes aliados invisibles de nuestros ecosistemas, los buitres. Un estudio reciente con tecnología GPS revela hasta qué punto los buitres leonados dependen del campo vivo para sobrevivir.
Los buitres cumplen una función clave: eliminar rápidamente los cadáveres de animales silvestres y domésticos, evitando la propagación de enfermedades, reduciendo emisiones contaminantes asociadas a su retirada y manteniendo el equilibrio ecológico.
En las últimas décadas, este vínculo natural entre los buitres y el paisaje rural se ha visto alterado. Las normas sanitarias y el abandono progresivo de la ganadería extensiva han reducido drásticamente la disponibilidad de alimento para estas aves carroñeras. Para compensarlo, se han creado comederos artificiales y los buitres han empezado a utilizar vertederos y explotaciones ganaderas intensivas. ¿Pero hasta qué punto dependen realmente de estas fuentes artificiales? ¿Y qué papel sigue jugando la ganadería tradicional?
En Europa, el buitre leonado (Gyps fulvus) es el carroñero más abundante y España alberga cerca del 90 % de su población reproductora (Foto: Pilar Oliva-Vidal.
Para responder a estas preguntas, un equipo de investigadores liderado por el Grupo de Investigación en Ecología y Gestión de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM) equipó a diez buitres leonados adultos del norte de España con emisores GPS y acelerómetros. Estos dispositivos permitieron registrar con gran precisión dónde y cuándo se alimentaban las aves a lo largo de tres años completos.
El estudio analizó miles de localizaciones y distinguió distintos tipos de fuentes de alimento: pastos de montaña con ganadería extensiva, explotaciones semi-extensivas, granjas intensivas, muladares y vertederos urbanos. Además, se tuvo en cuenta el ciclo anual del buitre, diferenciando entre la época de cría y los periodos sin reproducción.
Los resultados de este trabajo de investigación son claros: casi dos de cada tres eventos de alimentación (64%) ocurrieron en sistemas ganaderos extensivos o semi-extensivos, especialmente en pastos de montaña. Allí, los buitres se alimentaron sobre todo de ovejas y caballos, especies típicas de este modelo ganadero. En contraste, solo un 36% de los recursos procedían de entornos más artificiales y predecibles, como vertederos, comederos suplementarios o granjas intensivas. Estas últimas tuvieron un peso muy reducido y se asociaron casi exclusivamente a restos de ganado porcino.
Porcentaje de eventos potenciales de alimentación (PFEs) en función del tipo de recurso alimenticio explotado. Las cajas representan los percentiles 25 y 75, las líneas horizontales las medianas, las líneas verticales la variabilidad y los puntos grises “outliers”. Los círculos blancos indican los valores medios.
Además, durante la época de incubación, cuando los buitres necesitan permanecer cerca de las colonias para atender el nido, el uso de vertederos y granjas intensivas disminuyó notablemente. En esos meses, los buitres se apoyaron casi exclusivamente en recursos cercanos y naturales, ligados al territorio y al manejo tradicional del ganado.
El estudio también revela algo menos conocido: no todos los buitres se comportan igual. Aunque pertenezcan a la misma colonia, existen diferencias individuales en el uso de los recursos. Algunos se especializan más en fuentes predecibles como vertederos, mientras que otros dependen casi por completo del ganado extensivo.
Estas diferencias están relacionadas con los movimientos de cada individuo. De este modo, los buitres que realizan desplazamientos largos visitan con más frecuencia zonas con ganadería intensiva, mientras que los más “locales” se alimentan casi siempre en pastos y explotaciones ganaderas tradicionales. Esta diversidad de estrategias muestra una sorprendente flexibilidad ecológica, pero también evidencia que no todas las fuentes de alimento son igual de seguras o saludables.
Alimentarse en vertederos o granjas intensivas puede parecer ventajoso por la previsibilidad del recurso, pero conlleva riesgos: ingestión de residuos, fármacos veterinarios o tóxicos, y mayor exposición a infraestructuras peligrosas. Por el contrario, los sistemas extensivos ofrecen alimento más natural, disperso y ligado al funcionamiento histórico del ecosistema.
Estudios previos ya habían puesto de manifiesto la urgencia de valorar el declive de la ganadería tradicional sobre la biodiversidad, así como el impacto de la despoblación rural sobre la comunidad de aves carroñeras en zonas de montaña. Este estudio demuestra que la ganadería extensiva y semi-extensiva sigue siendo la base alimentaria de los buitres leonados en el norte de España.
Mantener los sistemas ganaderos extensivos no solo preserva paisajes culturales y modos de vida rurales, sino que garantiza la supervivencia de especies clave y los servicios ecológicos que prestan. En un contexto de despoblación rural y cambio de modelo agrario, apoyar la ganadería extensiva no es una cuestión de nostalgia, sino una inversión en salud ambiental, biodiversidad y equilibrio ecológico que también afecta a la conservación de los buitres.
Puedes consultar la publicación científica de este trabajo de investigación en:
- Fernández-García, J. M., Jauregui, N., Olano, M., Iriarte, E., Ugarte, J., Lekuona, A., Martínez, J. M., Oliva-Vidal, P., Margalida, A. 2026. GPS and Accelerometer Data Reveal the Importance of Extensive Livestock Grazing in the Trophic Ecology of Griffon Vultures in Northern Spain. Conservation 2026, 6, 5.











