Caza sostenible y aves migratorias: el “semáforo científico” que evalúa 27 especies en Europa

    Un equipo liderado por el IREC ha medido por primera vez, y a escala de ruta migratoria, la sostenibilidad del aprovechamiento cinegético en la Unión Europea de 27 especies de aves migratorias con un estado de conservación no seguro. El método incluye un innovador “sistema de semáforo” para resumir los resultados, que la Comisión Europea ya está usando para decidir dónde actuar.


    Las aves migratorias soportan una presión creciente por la degradación ambiental, el cambio climático, la pérdida de hábitat y, en muchos casos, por su aprovechamiento cinegético. En la Unión Europea, el Anexo II de la Directiva de Aves permite cazar 84 especies. Sin embargo, 42 de ellas —33 migratorias y nueve sedentarias— presentan un estado de conservación no seguro. La propia Directiva establece que, en estos casos, la caza solo puede plantearse dentro de un plan de gestión acompañado de medidas de recuperación. En este contexto, evaluar si los niveles de caza son (in)sostenibles es un paso fundamental.

    La dificultad reside en que evaluar esa sostenibilidad resulta extraordinariamente complejo. Como ejemplo, la caza de un ánade rabudo que se reproduce en Siberia, inverna en el Mediterráneo, y atraviesa media Europa en su camino, no puede evaluarse país por país, ya que lo que se caza en un Estado afecta a lo que ocurre en los demás. Por eso las evaluaciones nacionales, que son las que se habían hecho hasta ahora, ofrecen una imagen incompleta de los niveles de caza de las poblaciones. A esta dificultad se suma el hecho de que los análisis tradicionales mezclan datos biológicos con objetivos de gestión que se deciden en una mesa de negociación política, y no en base a la evidencia científica.

    Un semáforo para separar la ciencia de la política

    Un equipo internacional liderado por investigadores del Grupo de Investigación en Ecología y Gestión de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM), junto a la Oficina Francesa de la Biodiversidad (OFB) y la Universidad de Aarhus (Dinamarca), ha abordado ambos problemas a la vez. El trabajo, publicado en acceso abierto en Journal of Applied Ecology, evalúa la (in)sostenibilidad de los niveles actuales de caza en la UE para 27 de esas 33 especies migratorias.

    Los investigadores emplearon Modelos Invariantes Demográficos para calcular un Índice de Sostenibilidad de la Caza (Sustainability Harvest Index, SHI). El SHI compara la extracción real de individuos con el Nivel de Extracción Potencial, estimado a partir de parámetros demográficos y del tamaño poblacional, y modulado por un factor relacionado con los objetivos de gestión (Fobj, que representa cuán grande se quiere que sea la población a largo plazo con respecto a la capacidad de carga). Elegir un valor concreto de Fobj es una decisión sociopolítica, no científica, por lo que, en lugar de fijarlo de antemano, el equipo evaluó todos los valores posibles de Fobj entre 0 y 1, con 10.000 simulaciones en cada caso, y presentaron los resultados mediante un “sistema de semáforo”.

    El semáforo asignó “luz verde” a aquellas situaciones en las que no es probable que el nivel de caza sea insostenible, “luz ámbar” a aquellas en las que el impacto del aprovechamiento cinegético es incierto o condicional (dependiente de los objetivos de gestión establecidos), y “luz roja” a aquellas situaciones de clara insostenibilidad bajo todo un rango de escenarios de gestión, desde los menos restrictivos hasta los más conservadores (situaciones en las que el SHI supera 1 en más del 50 % de las simulaciones para valores de Fobj < 0,75). De este modo, los científicos aportan el diagnóstico y los gestores deciden el umbral, sin que una decisión política quede camuflada dentro de una ecuación.

    A todas las estimas de aves cazadas (según las declaraciones de los Estados Miembros) se les sumó un 20 % en concepto de piezas no cobradas, es decir, aves abatidas o heridas que no llegan a recuperarse y que, por tanto, nunca figuran en las estadísticas oficiales de caza. Este porcentaje es el que se considera internacionalmente para las aves acuáticas según estudios científicos previos, y su inclusión evita subestimar sistemáticamente el impacto real de la actividad cinegética, algo que rara vez se considera en la metodología de este tipo de estimaciones.

    Caza sostenible y aves migratorias: el “semáforo científico” que evalúa 27 especies en Europa

     

    Ejemplos hipotéticos de poblaciones de aves clasificadas con “luz verde”, “luz ámbar” o “luz roja”, respectivamente, atendiendo al Índice de Sostenibilidad de la Caza, que es estimado a partir de parámetros demográficos y del tamaño poblacional, y modulado por un factor relacionado con los objetivos de gestión (Fobj). Por las características del análisis, sólo se puede medir la probabilidad de que la caza sea insostenible. El semáforo rojo corresponde a una probabilidad alta, ámbar a intermedia y verde a una probabilidad baja de que sea insostenible. Sin embargo, en este último caso, la probabilidad baja de que sea insostenible no equivale a poder asegurar que la caza sea sostenible.

    La tórtola europea, el ánsar campestre y el éider común quedaron fuera del estudio porque ya cuentan con mecanismos de gestión adaptativa, de modo que el impacto de la caza sobre ellas se evalúa de forma continua por otra vía. El zarapito real y la aguja colinegra se excluyeron por estar bajo moratoria de caza, es decir, porque no se explotan actualmente y por eso no hay estadísticas de caza. Y del archibebe oscuro no existían datos suficientes para realizar la evaluación, lo que ilustra hasta qué punto la información disponible condiciona este tipo de análisis.

    Dieciocho especies “en verde”, nueve especies “en rojo”

    La evaluación ofrece un panorama claro para la toma de decisiones. En dos tercios de las especies analizadas (18 de 27), la caza en el territorio comunitario se clasificó con “luz verde» en todas sus poblaciones. En estos casos, el mensaje de gestión es claro: si están en mal estado de conservación, el esfuerzo debe dirigirse a la restauración del hábitat, a la lucha contra las especies exóticas invasoras o minimizar el impacto del cambio climático, no a restringir la caza.

    Sin embargo, en el tercio restante (9 especies que representan 14 poblaciones), la extracción actual presenta indicios de insostenibilidad. Seis especies de aves fueron asignadas al nivel rojo del semáforo: cinco anátidas (cuchara común, cerceta común, silbón europeo, porrón europeo y ánade rabudo) y un ave terrestre (codorniz común) mostraron un riesgo claro de sobreexplotación cinegética en al menos una población. Por otro lado, tres especies fueron asignadas al nivel ámbar del semáforo: la agachadiza común, la gaviota argéntea europea y el zorzal alirrojo registraron extracciones potencialmente insostenibles. Para la gaviota argéntea, la codorniz y el zorzal alirrojo es la primera vez que se realiza una evaluación de este tipo a escala europea.

    Al margen de los resultados de la evaluación, este trabajo aporta otra información muy valiosa que puede contribuir a mejorar la gestión de las aves migratorias cinegéticas en Europa. Uno de los resultados más robustos del estudio es que las especies de vida corta, como los patos y las pequeñas aves terrestres, muestran niveles de insostenibilidad significativamente mayores que las longevas. Resulta paradójico, porque son aves con alta capacidad reproductiva. Sin embargo, la explicación podría estar en que su crecimiento poblacional depende mucho del reclutamiento, es decir, de la combinación entre fecundidad y supervivencia del primer año. Cuando la agricultura intensiva o el cambio climático deterioran sus zonas de cría y la productividad cae, la mortalidad adicional por caza impide que los jóvenes compensen las pérdidas. En estos casos, recuperar la población exige mejorar la productividad reproductiva, y no solo ajustar los cupos.

    Caza sostenible y aves migratorias: el “semáforo científico” que evalúa 27 especies en Europa

     

    Número de poblaciones de anátidas, limícolas, gaviotas y aves terrestres incluidas en el Anexo II de la Directiva Aves, con estado de conservación desfavorable y que se clasificaron con “luz verde”, “luz ámbar” y “luz roja” en el “sistema de semáforo” que mide la (in)sostenibilidad de su aprovechamiento cinegético, así como las proporciones de cada categoría por grupo ecológico. Las poblaciones que ya están sujetas a una moratoria o que no se han evaluado por falta de datos se muestran en tonos grises.

    El impacto acumulado de otras extracciones

    Además, el estudio incorpora una dimensión que rara vez se analiza: las muertes autorizadas mediante derogaciones del artículo 9 de la Directiva, concedidas por motivos como la protección de cultivos o la seguridad aérea. Al sumarlas a la caza, el panorama cambia sobre todo en las gaviotas, cuyas derogaciones se conceden para reducir conflictos en entornos urbanos y agrarios. En la población del norte y noroeste de Europa de gaviota argéntea, el índice de (in)sostenibilidad aumentó un 113,5 % al contabilizar las derogaciones. Dado que caza y derogaciones se regulan con criterios distintos, pueden darse situaciones incoherentes, con la caza prohibida y las derogaciones autorizadas, o al revés, algo a lo que conviene prestar atención.

    Cosas que los datos aún no dejan ver

    Tal y como recalcan los autores de la investigación, la evaluación de la (in)sostenibilidad de la caza se basa en los datos declarados por los Estados miembros entre 2013 y 2018, con una calidad muy desigual y, en algunos casos, aportados de forma voluntaria. Además, solo contabiliza la caza dentro de la Unión Europea, por lo que una “luz verde” no garantiza que la extracción de una especie sea sostenible en el conjunto de la ruta migratoria, que puede incluir Rusia o África.

    Por otro lado, en cuatro especies de anátidas las tendencias invernales recientes parecen contradecir los resultados, lo que apunta a deficiencias en las estimaciones de tamaño poblacional o a una delimitación imprecisa de las rutas migratorias. Mejorar los censos, armonizar las estadísticas cinegéticas entre países y refinar esas rutas son, según los autores, prioridades inmediatas. El ya mencionado caso del archibebe oscuro, imposible de evaluar por falta de datos, recuerda que todavía hay especies cinegéticas sobre las que no sabemos lo suficiente ni para emitir un diagnóstico.

    Implicaciones para la gestión de la biodiversidad

    El trabajo, financiado por la Comisión Europea, nació para proporcionar evidencia científica al Grupo de Trabajo para la Recuperación de las Aves, dentro del grupo de expertos que coordina la aplicación de las Directivas de Naturaleza. Y ya ha tenido efecto: sobre la base de este sistema de evaluación y diagnóstico, la Comisión ha recomendado priorizar el porrón europeo, el silbón europeo y la codorniz común para implantar mecanismos de gestión adaptativa de la caza, y reducir la extracción en aquellas especies con alta probabilidad de insostenibilidad mientras se mejora la calidad de los datos.

    Este trabajo marca un hito en la gestión coordinada de la fauna silvestre, sentando las bases para que el aprovechamiento cinegético sea compatible con la preservación del patrimonio natural europeo y facilitando el debate sensato y racional entre los distintos grupos de interés. Además, el sistema de evaluación resultante separa de forma transparente lo que dice la biología de lo que puedan dictar intereses políticos o sectoriales, por lo que contribuye a alinear las estrategias de conservación con la mejor evidencia científica. Los datos analizados en este trabajo están disponibles en abierto en DIGITAL.CSIC.

    Puedes consultar la publicación científica de este trabajo de investigación en: