¿Puede un olor enseñar a los depredadores a evitar una presa?

    Un experimento ha probado que un simple olor, como el de la vainilla, pueda ayudar a los depredadores a aprender a evitar ciertos recursos tróficos. Los resultados muestran cómo el aprendizaje y los sentidos de los animales podrían convertirse en una nueva herramienta para reducir conflictos entre fauna y actividades humanas.


    Los conflictos entre los seres humanos y la fauna silvestre son cada vez más frecuentes en paisajes donde las actividades humanas y la vida silvestre comparten espacio. Estos conflictos pueden generar impactos económicos, sociales y ecológicos importantes, por ejemplo, cuando los depredadores atacan ganado doméstico o especies cinegéticas.

    Tradicionalmente, una de las respuestas más utilizadas ha sido el control letal de los animales considerados problemáticos, aunque estas medidas no siempre son adecuadas, ya que pueden afectar negativamente a las poblaciones silvestres o producir efectos contraproducentes a largo plazo.

    Por este motivo, en las últimas décadas ha aumentado el interés por desarrollar métodos de gestión no letales, capaces de modificar el comportamiento de los animales, de modo que permitan reducir los conflictos sin eliminarlos.

    Entre estas herramientas destacan los repelentes químicos, sustancias que provocan respuestas desagradables, de evitación, cuando el animal las detecta a través del olfato o el gusto. También se han desarrollado métodos basados en el aprendizaje, como la aversión condicionada al alimento, en la que un animal asocia un alimento con una experiencia negativa y posteriormente aprende a evitarlo.

    Un nuevo estudio, liderado por científicos de los grupos de investigación en Ecología y Gestión de Fauna Silvestre y Toxicología de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM) exploró la efectividad de un repelente químico (la capsaicina) combinado con un olor (el de la vainilla) para reducir el consumo de cebos por depredadores usando al zorro (Vulpes vulpes) como especie modelo. El objetivo fue evaluar si los zorros pueden asociar un olor con un repelente a través de un proceso de aprendizaje como la aversión.

    El experimento consistió en colocar cebos de carne en ocho puntos del campo, cada uno vigilado con cámaras de fototrampeo que registraban el comportamiento de los animales. Los puntos se dividieron en dos grupos: control (sin tratamiento) y tratamiento (con repelente y olor, según la fase).

    Con el fin de comprobar si los zorros podían aprender a asociar el olor de la vainilla con la sensación desagradable del picante y reaccionar a ese olor incluso cuando ya no estaba presente el repelente, el ensayo se desarrolló en cuatro fases: (1) Pre-repelencia: todos los cebos eran normales, sin olor ni repelente; (2) Repelencia: en los puntos de tratamiento se aplicó una mezcla de capsaicina (el compuesto picante de los chiles) y vainilla; (3) Post-repelencia: se retiró la capsaicina y sólo se añadió olor a vainilla; y (4) Rotación: los puntos de control pasaron a tener vainilla y los anteriores tratamientos dejaron de tenerla.

    Cebos consumidos por cada especie en cada fase y tratamiento en un experimento para evaluar si los zorros pueden asociar un olor con un repelente a través de un proceso de aprendizaje como la aversión

     

    Cebos consumidos por cada especie en cada fase y tratamiento. Durante el estudio se colocaron 226 cebos, de los cuales aproximadamente el 70% fueron consumidos por animales. El zorro fue la especie que más cebos consumió, seguido por jabalíes y otros mesocarnívoros, como el meloncillo y la garduña.

    Curiosamente, los resultados del estudio mostraron que el repelente no redujo el número de cebos consumidos por los zorros. En otras palabras, los animales seguían comiéndolos. Sin embargo, los investigadores observaron cambios importantes en su comportamiento: cuando los cebos contenían capsaicina y vainilla, los zorros tardaban mucho más tiempo en consumirlos después de encontrarlos. Este efecto también se mantuvo en fases posteriores en las que solo estaba presente el olor a vainilla. Esto sugiere que los animales mostraban cierta cautela o incomodidad antes de decidirse a comer.

    Las cámaras trampa también registraron comportamientos asociados a la sensación de picante, como frotarse la cara contra el suelo, rascar el suelo o el cebo, salivación y gestos de incomodidad. Estas reacciones aparecieron no sólo cuando el repelente estaba presente, sino también cuando el cebo tenía únicamente olor a vainilla. Este resultado indica que los zorros podrían haber aprendido a asociar ese olor con la experiencia desagradable del picante, un proceso similar al condicionamiento clásico descrito en estudios de aversión condicionada al alimento.

    Tiempo de consumo por zorro en los cebos por fase y tratamiento y respuestas derivadas del picante observadas en zorro por fase y tratamiento.

     

    Tiempo de consumo por zorro en los cebos por fase y tratamiento (a). Respuestas derivadas del picante observadas en zorro por fase y tratamiento (b).

    Los investigadores interpretan estos resultados a la luz de la teoría riesgo-beneficio: el animal percibe el posible malestar, pero el alimento sigue siendo una recompensa suficientemente valiosa como para asumir el riesgo. Además, al tratarse de un estudio piloto con pocos puntos de muestreo y un número reducido de individuos, los autores advierten que se necesitan más experimentos para confirmar los resultados.

    A pesar de sus limitaciones, el estudio aporta una idea prometedora: es posible asociar un olor con un repelente, de modo que el olor por sí solo desencadene una respuesta de cautela o evitación del recurso trófico en los animales. Esto podría tener aplicaciones interesantes en la gestión de conflictos entre humanos y fauna silvestre, como, por ejemplo, para proteger cultivos o granjas o reducir la depredación sobre especies amenazadas, limitando los daños sin recurrir al control letal. Además, los repelentes tienen una ventaja importante frente a otras técnicas de aversión condicionada: no es necesario que el animal consuma completamente el alimento para aprender la asociación, ya que el efecto desagradable del repelente aparece de forma inmediata, siendo menos crítico que la dosis se mantenga dentro de un determinado margen que con los aversivos basados en otros efectos adversos menos rápidos.

    Zorro mostrando respuestas derivadas del picante producida por la capsaicina, un repelente químico.

     

    Zorro mostrando respuestas derivadas del picante producida por la capsaicina, un repelente químico obtenido de pimientos del género Capsicum en fase de repelencia. El zorro rojo se utilizó como especie modelo por ser un mesocarnívoro abundante y frecuentemente implicado en conflictos con actividades humanas.

    En conjunto, este estudio piloto, financiado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha a través de Fondos FEADER, demuestra que los zorros pueden asociar un olor artificial con una experiencia desagradable provocada por un repelente. Aunque el olor a vainilla no evitó completamente el consumo de los cebos, sí provocó cambios claros en el comportamiento de los animales, como mayor tiempo de exploración y respuestas típicas al picante.

    Si futuras investigaciones confirman estos efectos a mayor escala, los olores asociados a repelentes podrían convertirse en una herramienta innovadora, segura y de bajo coste para reducir conflictos entre humanos y vida silvestre. Aprender a influir en el comportamiento de los animales sin dañarlos puede ser una estrategia de gestión clave para lograr una convivencia y coexistencia más equilibradas y sostenibles con determinadas especies de nuestra fauna silvestre.

    Puedes consultar la publicación científica de este trabajo de investigación en: