Del control de depredadores al control de la depredación

El control de la depredación mediante la inducción de aversión condicionada a la presa podría emplearse como alternativa al control de depredadores para reducir la presión depredadora sobre nidos de perdiz u otras aves amenazadas que nidifican en el suelo


La depredación es un tipo de interacción ecológica en la que un animal –el depredador– caza a otro animal de una especie distinta –la presa– para alimentarse de ella. Esta relación biológica es una de las causas del histórico conflicto entre el hombre y ciertos depredadores silvestres, que son percibidos como una amenaza para el aprovechamiento de las especies cinegéticas y/o el ganado. Además, la depredación puede ser un factor determinante del éxito reproductor y del estado de conservación de algunas especies presa, especialmente en el caso de aquellas cuyas poblaciones ya se encuentran en declive por otros motivos, generalmente de origen antrópico.

La depredación que ejerce el zorro (Vulpes vulpes) sobre las puestas de perdiz roja (Alectoris rufa) es un buen ejemplo de relación depredador-presa un tanto conflictiva. Históricamente, el raposo ha sido considerado como una amenaza para los intereses del cazador al ser un depredador destacado de puestas de perdiz. Por su parte, la reina de la caza menor en España ha sufrido un declive poblacional importante en las últimas décadas debido a múltiples factores, especialmente la intensificación de la agricultura. Ante esta situación, una presión depredadora elevada por parte del zorro, que puede llegar a ser relativamente abundante bajo ciertas circunstancias, puede influir sobre la abundancia y dinámica poblacional de la perdiz, agravando su declive poblacional.

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El zorro es un depredador destacado de puestas y pollos de perdiz, pudiendo influir en su abundancia y dinámica poblacional y generar un conflicto hombre-fauna al ser visto como amenaza para el aprovechamiento cinegético de la perdiz.

Actualmente, la resolución de este tipo de conflictos pasa por el llamado “control de depredadores”, una práctica de gestión cinegética que consiste en reducir las poblaciones de ciertos depredadores oportunistas, como el zorro, para evitar una abundancia excesiva. Sin embargo, es una práctica relativamente costosa, supone la muerte de los depredadores, tiene efectos negativos sobre los ecosistemas, la efectividad y selectividad de los métodos legales empleados no siempre son las deseadas y en ocasiones se llega a recurrir al uso de métodos ilegales de control, como el uso de veneno, para alcanzar el fin deseado. De este modo, parece recomendable trabajar en el desarrollo de nuevas herramientas encaminadas a la reducción de los conflictos derivados de la depredación.

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El control de depredadores supone la muerte de las especies controladas mediante métodos costosos y de selectividad en ocasiones reducida, siendo necesario el desarrollo de herramientas más efectivas, sostenibles y éticas.

En este sentido, el control de la depredación mediante la inducción de aversión condicionada (AC) a la presa podría ser una valiosa alternativa al control de depredadores. La AC consiste en usar sustancias químicas en la presa (o en una imitación de esta) que produzcan un efecto adverso desagradable –tipo vómitos, nauseas y/o diarrea– en el depredador, de modo que éste aprenda a rechazar esta presa en encuentros posteriores. Se trata de desencadenar un mecanismo de supervivencia que muchos animales desarrollan para evitar el consumo de alimentos tóxicos o en mal estado una vez que han tenido una primera mala experiencia.

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La aversión condicionada (AC) a la presa se puede emplear para que el zorro reduzca su apetencia por las puestas de perdiz, o para que el lobo (Canis lupus) deteste alimentarse de ganado doméstico, reduciendo el conflicto hombre-fauna con estas especies de depredadores.

Miembros del Grupo de Toxicología de Fauna Silvestre y del Grupo de Gestión de Recursos Cinegéticos y Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM) han avanzado en el desarrollo de esta herramienta no letal para el control de la depredación.

Durante 2 años, capturaron y marcaron con emisores GPS un total de 26 zorros en 2 acotados cinegéticos, en los que se estableció una zona de tratamiento para la aplicación de la AC y otra zona control, es decir, sin aplicación de AC. Justo antes del periodo de puesta de la galliforme, colocaron nidos artificiales de perdiz en las áreas de máximo uso de los zorros marcados, y éstos fueron monitorizados con cámaras-trampa. En las zonas de tratamiento de ambos acotados, los nidos artificiales contuvieron huevos con la sustancia aversiva, un compuesto químico de baja toxicidad seleccionado a partir de estudios previos con perros en cautividad.

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Captura para radiomarcaje y posterior liberación de uno de los zorros participantes en el trabajo de investigación.

Después de 3 semanas, en las zonas de tratamiento y las zonas control se colocaron nuevos nidos de perdiz, pero esta vez sin la sustancia química aversiva, con el fin de comprobar si los zorros de las zonas de tratamiento habían adquirido aversión hacia éstos. A lo largo de todo este tiempo y de forma simultánea, se estimaron la productividad y densidad de las perdices antes y después del tratamiento de AC en ambas zonas, con el fin de comprobar el efecto real de este método de control de la depredación sobre la población de perdiz.

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Uno de los zorros radiomarcados es detectado por una cámara-trampa depredando sobre un nido de perdiz.

Los resultados muestran que la AC puede detener la depredación de nidos de perdiz en el 78% de los zorros condicionados durante toda una temporada de cría, y temporalmente (durante 20-46 días) en los demás zorros condicionados. La población de perdices respondió positivamente a esta reducción del nivel de depredación, aumentando entre un 132 y un 677% su productividad en comparación con las zonas control en las que no se aplicó la AC. Este aumento de productividad hizo que la densidad de perdices aumentara mucho más –entre un 193 y un 292%– en las zonas de tratamiento que en las zonas control.

Este trabajo de investigación demuestra que es posible generar AC en cánidos silvestres, pudiendo emplearse como una herramienta no letal de gestión cinegética o de conservación para reducir la presión depredadora sobre nidos de perdiz u otras aves, mejorando el coste-efectividad del objetivo perseguido con el control de depredadores. Además, abre la puerta al uso potencial de esta técnica para paliar el conflicto hombre-fauna derivado de la depredación del lobo (Canis lupus) sobre el ganado doméstico, o a la conservación de algunas aves amenazadas que anidan en el suelo como el urogallo, la avutarda o el sisón. El empleo de este método puede contribuir, además, a reducir las medidas de control de depredadores y, especialmente, el uso de métodos ilegales de control, como el veneno, que afectan de forma muy importante a especies de carnívoros y aves rapaces y carroñeras protegidas.

Puedes consultar la publicación científica de este trabajo de investigación en: